Carla Ossa

 

 

Carla Ossa empezó su carrera como modelo a los 9 años, pero a los 12 la tuvo que interrumpir porque creció tanto que la ropa infantil no le quedaba. Los mismos motivos que la alejaron del trabajo, 1,8o m de estatura y calzado 41, fueron los que dos años después, cuando sus medidas se proporcionaron y se presentó en InForma Models de Medellín, hicieron que Margarita Gómez y Chacha Posada, las dueñas de la agencia, coincidieran en que ante ellas estaba una aspirante de alto nivel.

La percepción, agudizada por años de experiencia de estas empresarias, señaló a Ossa, igual como lo hizo antes con mujeres como Natalia París, Claudia Elena Vásquez, Lina Marulanda, Claudia Lozano y Tala Restrepo, quienes también llegaron nerviosas a esa oficina con un libro de fotos caseras en la mano y salieron dos o tres años después convertidas en las caras y los cuerpos mejor pagados del país.

Sin embargo, no todas obtienen el pase al círculo selecto. Margarita Gómez cuenta que solamente en el primer semestre de este año ha recibido 25 niñas con sueños de modelo y calcula que máximo siete lograrán un lugar destacado en la profesión.

La fantasía es costosa. Se necesita ser delgada, alta, tener una piel y un cabello sanos y además, la capacidad de someterse a un proceso largo en el que tendrá que aprender a caminar, a sonreír y a posar con la gracia suficiente para ganarse los contratos. Estar bajo la dirección de un equipo de diez personas, entre maquilladores, vestuaristas e instructores de pasarela, es una presión que no todas soportan.

Irma Aristizábal, la gerente de Stock Models Bogotá, afirma que en nueve años que tiene su compañía, en la que hay veinte candidatas por semana, sólo treinta mujeres han conseguido fama y vigencia. "Tienen que verse naturales, con clase y sensuales, no vulgares. Además, necesitan contar con la asesoría para aceptar los trabajos que favorezcan su posicionamiento, pues algunos los pagan muy bien, pero afectan su imagen a largo plazo".

Carla Ossa trabajó durante 24 meses y se presentó a uno de los castings más exigentes que han tenido lugar en el país: el de la casa Pierre Balmain para la pasarela Orbitel 2000. Jack Alexander, el productor del desfile, le dio con su visto bueno el impulso más importante de su carrera. Después de ese punto de quiebre las cosas se facilitaron y fue elegida como la imagen del calendario de Pielroja y la modelo revelación de Colombiatex 2001.

Su belleza y el equipo invisible que se mueve detrás de ella cuidando desde el color de su pelo hasta las apariciones en la prensa, están logrando construírle un nombre visible entre los miles que permanecen anónimos en uno de los negocios más competidos de este país productor de maniquíes.

Tomado de la Revista Cromos No.4403, 28 de junio de 2002