El sexo y el alcohol: enemigos íntimos

No es un secreto que la mayoría del sexo que se da entre hombres y mujeres tiene un tercero involucrado: el alcohol. ¿Qué tan buenas relaciones pueden tener el trago y el amor? ¡Sexo en las rocas!

Los efectos sociales del alcohol, tanto en hombres como en mujeres es evidente. No por nada la hora entre la tarde y la noche en que la gente se reúne después de terminar sus horas laborales se llama “happy hour” (hora feliz). Y es que las repercusiones del trago no son solo somáticas y físicas, sino espirituales. Tampoco es ninguna coincidencia que a los licores se les llame bebidas espirituosas (spirits, en inglés).

El alcohol en una dosis justa y proporcionada puede ser la puerta para una noche romántica, o el peor de los entorpecedores para una relación sexual. La línea es tan delgada y tan diferente para cada ser humano que es fácil cruzarla y cuando uno menos lo cree está debajo de las cobijas con un alguien que de otra manera ni voltearíamos a mirar o, lo peor, en los brazos de un borracho que ni se acuerda de su nombre.

Desde tiempos inmemorables el alcohol ha estado presente en la cotidianidad de los humanos. Basta con recordar los bacanales que hacían los romanos en homenaje, precisamente, a Baco, el dios del vino, para evidenciar que también ha ido muy de la mano con el sexo y otros excesos. Si vamos incluso más atrás, hay vino por doquier en las historias bíblicas, y hasta el primer milagro de Jesús fue convertir el agua en vino, en las bodas de Caná.

La promiscuidad es hija del trago, sin duda alguna. Y en términos de salubridad, como ya lo sabemos desde la década de los ochentas (e incluso antes, cuando no era el SIDA el que aquejaba a la humanidad, sino otras enfermedades como la gonorrea, la sífilis y la hepatitis), la promiscuidad puede acarrear problemas serios de salud.

Pero existen muchos otros efectos negativos del alcohol en las relaciones sexuales. Aunque los más estudiados son los físicos, también hay otros efectos que nada tienen que ver con el desempeño.

Se trata de los efectos sociales y sicológicos que resultan de tener sexo siempre bajo la influencia del alcohol, y entre ellos figuran problemas tan serios como la dificultad para sostener relaciones amorosas duraderas, la depresión y el aislamiento social, entre otros.

El alcohol desinhibe y hace que las personas se sientan más sociables. También es cierto que despierta el apetito sexual, tomado en ciertas cantidades. Sin embargo, varios estudios hechos con bebidas no alcohólicas en hombres y mujeres a quienes se les dijo que estaban consumiendo licor demostraron que también tiene mucho de placebo.

El influjo del alcohol en hombres y mujeres 

El problema del sexo con el alcohol no se circunscribe nada más al ámbito de las erecciones, la dificultad para eyacular e incluso la infertilidad masculinas (un 54% de hombres alcohólicos acepta tener dificultades con sus erecciones y un 25% los tiene también para eyacular, además del problema del hipogonadismo o falta de testosterona y el de la violencia sexual que despierta el alcohol). Cuando los tragos son muchos, la dificultad para conseguir orgasmos está comprobada tanto en el hombre, como en la mujer.

Estudios recientes aseguran que entre un 30 y un 40 por ciento de las mujeres alcohólicas aceptan que su apetito sexual ha disminuido, mientras que un 15 por ciento tiene dificultades para alcanzar el orgasmo. Lo cierto es que para ambos sexos, con un solo trago la vasocogestión (que es la responsable de las erecciones en los hombres y de la excitación de la zona vaginal en las mujeres), así como la lubricación, disminuyen.

Otro punto importante son las expectativas que se generan bajo el efecto del licor. Aunque las mujeres aseguran que alcanzan niveles de satisfacción más altos con unos tragos encima, una prueba en la que dieciocho mujeres se masturbaron mientras medían sus niveles de excitación, demostró que aquellas que habían tomado los niveles permitidos de alcohol habían bajado su presión sanguínea vaginal y se habían demorado más en conseguir el orgasmo, aunque ellas mismas aseguraron que habían obtenido más placer a medida que tomaban más alcohol.

La contradicción es explicable, ya que no siempre las medidas científicas utilizadas para determinar la excitación coinciden con su percepción o sus sensaciones, más allá de lo físico. La pregunta entonces es ¿por qué las mujeres encontramos más placentero el sexo cuando hemos bebido? Seguramente las respuestas a esta pregunta las tenemos cada una nosotras en el fondo de nuestras fantasías, temores, remilgos y temores sexuales. Son demasiados años de oscurantismo sexual que todavía pesan en nosotros y hacen que con el alcohol podamos olvidar la falsa premisa de que el sexo es pecaminoso y sucio.